jueves, 7 de agosto de 2014

Las esquinas en Bangkok


Ya no le pinchaban los ojos. Cuando miraba a los rincones de las calles. Ya no se le clavaban alfileres.


Pero le sangraba el cerebro.


Le sangraba el cerebro día tras día. No tanto como antes. Sino estaría muerta.

Recordaba cuando desatornillaron la ciudad. La desnudaron sin piedad.
Una ciudad violada
Sin nombre.

Sin recuerdos,  no de esos que merezca la pena recordar al menos.


Lo malo de las ideas es que no se desinfectan con alcohol.

Lo malo de las personas es que no mueren cuando tu quieres.



Y si el cerebro le sangraba para siempre?

martes, 3 de junio de 2014

Paula y María


Era un día normal, como todos esos días en los que pasan mil cosas, pero no ha pasado nada. Y entonces Paula ze puzo a hablad azi y todo pareció cobrar sentido,  y ziguiedon hablando azi  hasta que lo olvidaron por completo. Y la tarde, o la madrugada, se pasó entre caras de pez y videos enviados.

Y recordaron los desayunos, que nunca fueron desayunos, al sol, o los viajes a Perill.

Ese día fue primavera en Soto del Moral.

jueves, 10 de abril de 2014

Bailar por la calle, y la vida misma.


Simplemente  encantadora, decían.  Y lo es. Frances-Ha es bailar por la calle, comer con la boca abierta y fumar dentro de casa. Frances-Ha es la vida, y el miedo a que ésta pase, correr en busca de un cajero automático, vivir, sea lo que sea que esto signifique.

" Es una película real" decía la voz de mi lado. Real, de esas en las que te sientes inquietantemente identificada con la protagonista, y todos los de su alrededor. Perseguir sueños, y acabar en satélites que los rodean, saber ser feliz con eso, y ver que planear las cosas nunca fue demasiado cuerdo.

Y de repente te ves llorando mirando una pantalla que te tenía que hacer reír, pero da igual, la vida también es absurda a veces. Si no, no tendría sentido.

Sólo aplaudir el efecto que consigue, haciendo a cada persona (tan diferente del resto, en teoría) sentirse identificada con un mismo personaje, situación, película. Quizás al fin y al cabo, no seamos tan diferentes.

"Todos mis amigos están locos, así que empieza a plantearte cosas"


Nada más que decir. Es mejor ver la película.

jueves, 3 de abril de 2014

Mariposas y payasos. Dallas Buyers Club.


Eso es todo lo bueno que diré sobre Dallas Buyers Club, así que quizá sería mejor dejar de escribir ahora.

Nunca hice demasiado caso a los quizás.

Lo siento, pero Dallas Buyers Club me parece una película fácil. Y es que un tema como el sida, las drogas y la homosexualidad en los años 80, es un tema profundo, cruel, triste,  crudo, pero sobre todo, fácil.  Y un contenido de este calibre, tratado con un guión tan plano como es el de la película, se vuelve pobre, y recurrente.

Desde luego nadie esperaba encontrarse a sí mismo al ir a la sala de cine, pero qué sé yo, un mínimo mensaje, quizás sí.

"Ya, pero los actores lo clavan"

O eso dicen los Oscars al menos. Sí, desde luego, nunca habíamos visto un Matthew Mcconaughey así, aunque True Detective apuntaba ya maneras, y creó alguna que otra expectativa. Sólo diré que no basta con ser un saco de huesos para hacer una actuación sublime. Puede que sea exigente, pero meterse en el cuerpo de un drogadicto que lucha por sobrevivir al sida necesita de algo brillante para impresionar, sino, sigue siendo fácil.

Jared Leto se luce más en este aspecto, afeminarse en un papel de yonki homosexual con un cambio físico brutal merece, cuanto menos, cierto reconocimiento. Aunque es remarcable también el Oscar a mejor maquillaje. Ahí lo dejo.

Mariposas y payasos. Porque no, no todo es crítica destructiva. El payaso, que persigue a Woodroof, como lo hace su enfermedad, a lo largo de la película, consigue destacar y hacer que la película tenga algo que decir. Touché. La magia de las mariposas, efectivamente, nos saca completamente de la sintonía general, carente de ningún tipo de segunda lectura, un poco desentonado con el resto de secuencias, pero admirable, igualmente.


En conclusión, Dallas Buyers Club es el chico guapo del instituto, un sábado cualquiera. Todo el mundo adora los sábados, porque son guapos, atractivos, y nos invitan a bailar. Lo tienen fácil. Son el típico chico al que besas, porque la presión social te obliga a hacerlo, porque son guapos desde antes de conocerlos. Comerciales. Como los sábados. Fáciles. Como Dallas Buyers Club.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Se puede comrpar la felicidad por 16,90€?



Si la felicidad se pudiera comprar, seria una prostituta. Y se vendería a un precio mucho más alto. Asi que sería una prostituta de lujo.

La felicidad es una idea, un ente abstracto, un estado mental. No se toca, pero se desea, la deseamos con todas nuestras ffuerzas. De hecho la felicidad es un deseo, es el conjunto de todos nuestros deseos. Pero sobre todo, la felicidad es un engaño.

Imaginemos la felicidad, imaginémonos felices. Probablemente en nuestras mentes hay una situacion irreal, un deseo, algo que nos gustaría que pasara. Algo que ansiamos tener. Ahí está el truco. Esa felicidad que imaginamos no es real, es una hipotesis, una teoría. CREEMOS que seremos felices SI pasa esto, o lo otro. Pero no deja de ser eso, una creencia, un suponer, un "y si", una utopía.

Porque nos gusta lo imposible, asi funciona el ser humano, queremos lo que no podemos tener, siempre hay algi más, porque sin esa ambición perderiamos el sentido de ser.

Es curioso, porque es precisamente esa ambicion sin la que no podemos vivir la que nos impide ser felices.

"Eres feliz cuando no necesitas mas" recuerdo que dijo alguien un día. Las personas siempre necesitamos más, siempre queremos subir un escalón más, si las vustas son bonitas desde aquí, ¡imagina un poco más arriba!
Pero a veces paramos a descansar, olvidamos por un rato la subida, y como serán las vistas más arriba, y disfrutamos de lo que vemos ahora. Eso marca la diferencia.

La felicidad, o lo que imaginamos como tal, ya que hemos acordado que es irreal, no es, desde luego, un estado constante. La felicidad son instantes, se esconde en ellos, y es nuestra tarea apreciarla.

Felicidad es meter la nariz en el tarro de cafe, estrenar sabanas recien planchadas y que haga sol en Bilbao. Felicidad es u  gol del Athletic, tomar algo en una terraza y encontrar aparcamiento a la primera.

Hay gente que no para a apreciar las vistas, y personas que disfrutan con cada escalón. Ahí está la diferencia. Simplemente, es una actitud.

Una actitud se puede enseñar. Y esa enseñanza, eso, sí se puede vender a 16.90 Euros

sábado, 15 de marzo de 2014

La vida, que pasa. Ya, pero no tanto.



Como en las películas francesas, en las que no pasa nada, pero pasa todo lo que le pasaría a cualquiera. Un día normal, gente perdida, el día a día, un café imposible y mil maneras de encender un cigarrillo.

Y que pasa en Oh Boy? Pasa, la vida. 

Estas palabras no serán imparciales, ni justas, ni objetivas. Pero es que Oh Boy es una película que, o te gusta, o no te gusta. A mi me sedujo desde el principio, desde antes incluso de conocerla, como la chica misteriosa de la fiesta (sí, la del vestido rojo). Diría que me gustaba incluso antes del trailer, la sala 3 de los cines Verdi sólo confirmó lo que ya sabíamos.

Pero Oh Boy no es solo un cuerpo bonito con un vestido rojo. Oh Boy es paciencia, fotografía y metáfora. No te pide que lo entiendas, pero lo haces, porque en realidad habla de tu vida.

Y piensas cómo sería todo en blanco y negro.   

Y en las calles de Berlin.

jueves, 13 de marzo de 2014

Nebraska




Silencio en la sala, gominolas, mochilas, susurros. Cómo odio entrar a última hora. ¿Silencio en la sala? Sí, y por fin se funde en negro la pantalla. Y aparece un viejo, blanco y negro, caminando hacia Nebraska.

A partir de ahí 115 minutos de fotografía envolvente, nostalgia y una historia conmovedora.

"- ¿A dónde se dirige, amigo?
- Hacia adelante, hacia Nebraska.
- ¿Quiere llegar hasta Nebraska andando por el andén?
- Sí
- Y de donde viene?
- De atrás."

Y junto con la película comienza el viaje, un viaje en la vida, hacía atrás y hacia adelante, de reflexión, duda, recuerdos y búsqueda.

Los rumores nos habían contado que era un dramón, pero un Bruce Den cansado de la vida acabó por entonar carcajadas en el de vez en cuando lagrimoso público. No sé si es el personaje entrañable de Woody Grant lo que enamora, o el hecho de estar sentado ante una película que, sin decir nada,  nos sorprende hablando sobre todo lo que nos ronda por la cabeza.

Nebraska es una película que habla sobre el sentido de la vida, sobre aquello que dicen, de que la vida es lo que pasa mientras haces otras cosas. Nebraska es decadencia, cansancio, historias, pasado, desconcierto y pérdida. Un simple dibujo de niño, representando nuestra más compleja frustración: un motivo por el que vivir. Y es ese niño, en un cuerpo de viejo, el que nos lleva a algún rincón en nuestros recuerdos.

A pesar de todo, si este texto, tan destartalado como la película, necesitara un final, elegiría la mirada que clava en la pantalla Bruce Den. La sensación que eso nos deja

 y carretera.

viernes, 7 de febrero de 2014

Aquella época en la que criticábamos pelis.


Y lo hacíamos de puta madre. Simplemente, éramos, y no nos parábamos a pensar. Como ahora, escribir, sin puntos ni comas que piensen en ti.

 ¡Joder! Me muero de hambre.

Nunca fue una buena época, o al menos eso creíamos. Pero no hay tiempo para pensar, lo había entonces, si, quizás. Pero no para ir al cine solos. Esta vez fracasamos mejor.


Las guitarras dedicadas están infravaloradas.

lunes, 27 de enero de 2014

Aprender a aprender.


Colocó un calendario en su habitación. Porque el tiempo había dejado de tener sentido, ya no era un problema. Suele pasar cuando solo tienes nunca. Odiaba los nunca, los nunca y los para siempre, porque en realidad eran lo mismo. Lloró un poco, a veces le venía bien. 

Sabía que no debía hacerlo, por eso de que aunque nadie te vea provocas un devenir en el destino y telepáticamente el mundo se vuelve indiferente a ti. La gente se reía, pero pasaba, era como aquel proverbio del árbol que cae en silencio en medio de la nada. Odiaba los proverbios.

Y la ciudad, odiaba la ciudad. 




Porque la habían desnudado.