miércoles, 26 de marzo de 2014

Se puede comrpar la felicidad por 16,90€?



Si la felicidad se pudiera comprar, seria una prostituta. Y se vendería a un precio mucho más alto. Asi que sería una prostituta de lujo.

La felicidad es una idea, un ente abstracto, un estado mental. No se toca, pero se desea, la deseamos con todas nuestras ffuerzas. De hecho la felicidad es un deseo, es el conjunto de todos nuestros deseos. Pero sobre todo, la felicidad es un engaño.

Imaginemos la felicidad, imaginémonos felices. Probablemente en nuestras mentes hay una situacion irreal, un deseo, algo que nos gustaría que pasara. Algo que ansiamos tener. Ahí está el truco. Esa felicidad que imaginamos no es real, es una hipotesis, una teoría. CREEMOS que seremos felices SI pasa esto, o lo otro. Pero no deja de ser eso, una creencia, un suponer, un "y si", una utopía.

Porque nos gusta lo imposible, asi funciona el ser humano, queremos lo que no podemos tener, siempre hay algi más, porque sin esa ambición perderiamos el sentido de ser.

Es curioso, porque es precisamente esa ambicion sin la que no podemos vivir la que nos impide ser felices.

"Eres feliz cuando no necesitas mas" recuerdo que dijo alguien un día. Las personas siempre necesitamos más, siempre queremos subir un escalón más, si las vustas son bonitas desde aquí, ¡imagina un poco más arriba!
Pero a veces paramos a descansar, olvidamos por un rato la subida, y como serán las vistas más arriba, y disfrutamos de lo que vemos ahora. Eso marca la diferencia.

La felicidad, o lo que imaginamos como tal, ya que hemos acordado que es irreal, no es, desde luego, un estado constante. La felicidad son instantes, se esconde en ellos, y es nuestra tarea apreciarla.

Felicidad es meter la nariz en el tarro de cafe, estrenar sabanas recien planchadas y que haga sol en Bilbao. Felicidad es u  gol del Athletic, tomar algo en una terraza y encontrar aparcamiento a la primera.

Hay gente que no para a apreciar las vistas, y personas que disfrutan con cada escalón. Ahí está la diferencia. Simplemente, es una actitud.

Una actitud se puede enseñar. Y esa enseñanza, eso, sí se puede vender a 16.90 Euros

sábado, 15 de marzo de 2014

La vida, que pasa. Ya, pero no tanto.



Como en las películas francesas, en las que no pasa nada, pero pasa todo lo que le pasaría a cualquiera. Un día normal, gente perdida, el día a día, un café imposible y mil maneras de encender un cigarrillo.

Y que pasa en Oh Boy? Pasa, la vida. 

Estas palabras no serán imparciales, ni justas, ni objetivas. Pero es que Oh Boy es una película que, o te gusta, o no te gusta. A mi me sedujo desde el principio, desde antes incluso de conocerla, como la chica misteriosa de la fiesta (sí, la del vestido rojo). Diría que me gustaba incluso antes del trailer, la sala 3 de los cines Verdi sólo confirmó lo que ya sabíamos.

Pero Oh Boy no es solo un cuerpo bonito con un vestido rojo. Oh Boy es paciencia, fotografía y metáfora. No te pide que lo entiendas, pero lo haces, porque en realidad habla de tu vida.

Y piensas cómo sería todo en blanco y negro.   

Y en las calles de Berlin.

jueves, 13 de marzo de 2014

Nebraska




Silencio en la sala, gominolas, mochilas, susurros. Cómo odio entrar a última hora. ¿Silencio en la sala? Sí, y por fin se funde en negro la pantalla. Y aparece un viejo, blanco y negro, caminando hacia Nebraska.

A partir de ahí 115 minutos de fotografía envolvente, nostalgia y una historia conmovedora.

"- ¿A dónde se dirige, amigo?
- Hacia adelante, hacia Nebraska.
- ¿Quiere llegar hasta Nebraska andando por el andén?
- Sí
- Y de donde viene?
- De atrás."

Y junto con la película comienza el viaje, un viaje en la vida, hacía atrás y hacia adelante, de reflexión, duda, recuerdos y búsqueda.

Los rumores nos habían contado que era un dramón, pero un Bruce Den cansado de la vida acabó por entonar carcajadas en el de vez en cuando lagrimoso público. No sé si es el personaje entrañable de Woody Grant lo que enamora, o el hecho de estar sentado ante una película que, sin decir nada,  nos sorprende hablando sobre todo lo que nos ronda por la cabeza.

Nebraska es una película que habla sobre el sentido de la vida, sobre aquello que dicen, de que la vida es lo que pasa mientras haces otras cosas. Nebraska es decadencia, cansancio, historias, pasado, desconcierto y pérdida. Un simple dibujo de niño, representando nuestra más compleja frustración: un motivo por el que vivir. Y es ese niño, en un cuerpo de viejo, el que nos lleva a algún rincón en nuestros recuerdos.

A pesar de todo, si este texto, tan destartalado como la película, necesitara un final, elegiría la mirada que clava en la pantalla Bruce Den. La sensación que eso nos deja

 y carretera.