Y lo hacíamos de puta madre. Simplemente, éramos, y no nos
parábamos a pensar. Como ahora, escribir, sin puntos ni comas que piensen en ti.
¡Joder! Me muero de
hambre.
Nunca fue una buena época, o al menos eso creíamos. Pero no
hay tiempo para pensar, lo había entonces, si, quizás. Pero no para ir al cine
solos. Esta vez fracasamos mejor.
Las guitarras dedicadas están infravaloradas.
