Y que nunca volveremos a comer helados. Y a mi me ha pillado sola en esta habitación, porque ya no hay plurales que suenen a optimismo. Hay un solo, un solamente solo, y noches cerradas sin luna, de esas en las que llueve, de esas en las que ya no estás segura de que va a dejar de llover, de esas en las que pasas miedo.
Y entonces escribes, porque la sala se llena de cosas de las que escribir, y recuerdas lo bello que era el silencio.
Y lo bellas que fueron un día las mañanas, cuando existieron.

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