Si estiro un poco el cuello aun adivino mi casa desde la ventana del bus, estaba viendo una serie, pero me parecía descortés no decir adiós a la que, al fin y al cabo, ha sido mi ciudad natal. “Kukutza Aurrera” dicen las letras gigantes en la lejanía de un puente, quien sabe cuanto tiempo pasará sin que ver esas letras vuelva ser normal, de momento hay una bandera del athletik colgada en la carretera. Podemos seguir respirando. Estoy sola ya? No sé, en qué momento puedo sentirme totalmente desamparada? Todavía me espera mi prima en Madrid, se puede decir que todavía me queda un poco de camino antes del precipicio.
Y ahora qué? Me voy, me voy a ser alguien, a ser alguien en otro lado, ya sabes, hacerte un sitio, vivir aventuras. Si, que bien. Es curioso, porque siempre me he quejado de lo encasillado que estaba nuestro sitio en la cuadrilla, pero ahora da miedo no ser nadie en otro lado. La cuadrilla, jaja, suena a lo de siempre, malditos, echare jodidamente de menos lo de siempre.
Joder, como les quiero.

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