martes, 15 de enero de 2013

Quotidien



Cuando sabemos que vamos a perder algo tendemos a imaginar cuánto nos dolerá, y como lo superaremos. Creo que todos alli, a nuestra manera, hicimos eso. 

Aquello tenía un final amigos, y eso todos lo sabíamos, así que comentabamos como lo llevariamos una vez en el mundo real. Puede parecer agorero, pero ayudaba a quitarle hierro, habíamos creado algo, un hogar quizá, una razón por la que sentir morriña al volver a casa.

No sé cómo lo vivio el resto, si la añoranza cumplía sus expectativas, si dolió como se suponía que tenía que doler, pero en mi caso, no lo hizo. Quizás esperaba algo como “ahlalá c'est le catastrophe!” pero no, el mundo no se acabó, la vida siguió y bueno, los recuerdos resultaron ser más un alivio que una espina.

Pero hay días...

Los viajes, las escapadas, no me refiero a eso, “alors, ça c'était pas quotidien”, pero el día a día, es lo cotidiano lo que realmente pincha. 

Como aquel día en el que ibas a cocinar lasaña con Marc, y encontramos a Izar caida de la bici, y acabamos comiendo los tres , o la tarde que, agobiada, decidiste salir de clase un par de horas antes y encontraste a Martxel en la Student tomando un Latte, es que Ari estaba de shift. Y al final nos juntabamos todos, e ideabamos cosas. Eso era lo que haciamos.

No tiene nombre pero yo decidí llamarlo ritmo de vida. Era diferente.

No sé cómo lo vivió el resto, pero personalmente, si tuveira un Delorean, sabría muy bien como utilizarlo.

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