jueves, 20 de septiembre de 2012

Trajeada libertad.

Salirse del esquema, del camino marcado, fuera de guión, pero no demasiado porque eso también está de moda. El caso es que siempre odié a la gente que cuelga de las agujas del reloj, resbalando con cada "tac" del segundero (a los "tic"s les tengo cierto aprecio); y así acabo siendo la que nunca lleva un reloj en la muñeca y siempre anda preguntando la hora, la típica amiga coñazo vamos.

Un día un vejete al que solíamos llamar "teacher" nos contó que mantiene con un amigo la tradición de pasar unos dias en el pueblo, tranquilamente, prohibiendo el tiempo, y a todo sus portadores, con charlas trasnochadoras a las que una hora, un numero, una cifra sin sentido al fin y al cabo, no pone fin.

Siempre me ha enamorado esa idea.

Y al final, entre trabajo, pluriempleo, arañar los minutos del tren para leer, el breve momento de libertad antes de empezar el día, fijar objetivos y racionar las horas, descubro que he terminado siendo uno de ellos, sin traje ni maletin pero sí con una excelente agenda, 

una jodida y rematada ejecuta.

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