Y ya no sabemos si todavia es otoño o podemos empezar a decir que el invierno danés no era tan malvado como nos habían contado. Y empiezan los tics, y los tacs, a gritar como locos, y en realidad, deseas que paren un poco, que bajen un poco el ritmo. Porque nuestras razones, o motivos, como ellas prefieren llamarse, son erroneos,
falsos, absurdos, inexistentes,
ilusos.
Y eso lo sabíamos desde el principio, asi que los tics podrían hacernos un favor a todos, o al menos a mí, y darnos tiempo para digerir eso.
Y luego pararse para siempre, mientras recuerdo,
y rebaño cada minuto,
y dormito en cada segundo.
20 horas, 24 quizás, apurando momentos virtuales.
4 días. 4 días de mi vida.

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