Probablemente era un día cualquiera, pero claro, eso yo no lo sabía, supongo que no esperas ese tipo de cosas.
Bebimos cerveza.
Empezó a sonar musica.
Nos reimos. Reiamos bastante.
Y de repente yo fui menos yo, lo cual, a estas alturas, es buena señal. Zuriñe movia la cabeza al ritmo de la música, como cuando nada más importa. Y ideas ebrias venían a mi cabeza, de esas que cobran sentido cuando estás borracho.
Probablemente era un día cualquiera, pero pasó a ser algo genial.

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