... para descubrir que la felicidad es completa y frustrantemente inestable.
Y llegados a este punto, señores mios, despertaremos (probablemente una vez más) con todavía cierto miedo a que esta euforia sea pasajera, comeremos con quien sea que se pase por mates, sopesaremos si la siguiente clase merece de nuestra presencia
y decidiremos (mientras podamos al menos) vivir sin miedo
porque somos muy (inestablemente) felices.

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