Eramos camaleones, viviamos como acabados, y acabamos en princpios desconocidos, más revueltos que juntos.
Pero, fuck man, fue jodidamente divertido.
Y ahora un par de dudas me corroen, le miraré una vez más para no sentir más que rabia, y un poco de pena.
De todas maneras siempre nos quedarán señoritas que iluminan bombillas que otros fundieron.
Y miles de ellas por fundir.

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